Otras Campanas. El Vaticano silencia su eco
De Miguel Atucha

La religión católica, tal como me la ensañaron, venía presentada envasada al vacío. Si dudas o lo cuestionas, estarás en falta ante Dios...

Cuando me decidí a escribir este libro, las ideas se me amontonaban como un cardumen girando en una masa apiñada; tenía que ordenar este embrollo, darle forma para que resultara coherente analizarlo sin llegar a escandalizarme y sin juzgarme, cosa difícil de lograr, pues uno tiene inmerso el juez más severo y más prejuicioso del mundo. Cuando te llenan de culpas te conviertes en tu propio inquisidor. Para los que se declaran católicos practicantes, todo cuestionamiento tiene un tinte sacrílego: no están dispuestos a discutir ni a cuestionar los mandatos y dogmas que se les ha impuesto. Para los cristianos, la duda está fuera de toda argumentación, hacerlo es ser pasible de castigo siguiendo los pasos de los inquisidores, aunque la hoguera y la tortura hayan quedado en el pasado. ¿Gracias a Dios?... pero su espíritu aún prevalece; nos acecha con la hoguera del infierno.

No estoy seguro de encontrar un cielo al final de este recorrido. En todo caso es preferible no proponerse metas ni adelantarse a los acontecimientos, lo que cuenta es nuestro andar: aquí, ahora. El destino es incierto como es incierto todo en este mundo, las certezas están en el más allá pero eso esta aún por conocerse.